lunes, 12 de diciembre de 2011

Enfermedades Karmicas


La palabra karma viene del sánscrito, antiguo idioma hindú consagrado a los cultos en los templos iniciativos, y significa causa y efecto al mismo tiempo. Expresa la ley según la cual toda causa genera un efecto equivalente en sentido contrario, incluyendo el propio destino del hombre.

Este concepto concuerda con lo que enseña Allan Kardec en el libro El Cielo y el Infierno, capítulo VII, ítem 9: “Toda falta cometida, todo mal realizado es una deuda que se ha contraído y que debe ser pagada. Si no lo es en una existencia lo será en la siguiente o siguientes, porque todas las existencias son solidarias las unas con las otras. Aquel que ha pagado en la existencia presente, no tendrá que pagar por segunda vez”.

La misma connotación se encuentra en el Evangelio, cuando afirma: “En verdad, en verdad os digo que todo aquel que comete pecado es siervo del pecado.” (Juan 8, 34).

Contraer deuda o ser siervo del pecado significa atarse a las faltas del pasado, mantenerse estancado sin condiciones de retomar el camino de la evolución espiritual.

Uno de los recursos que la Naturaleza emplea para realizar la liberación de las faltas cometidas, es a través de enfermedades u otras modalidades de perturbaciones que pueden ocurrir en la misma existencia o en una existencia futura.

De ese modo, se comprende que el karma no tiene la finalidad de castigar, sino de armonizar espiritualmente al ser humano, con la ley de la evolución, liberándolo de la estancación causada por las faltas cometidas.

Todos los pensamientos, emociones, sentimientos y actos practicados por la persona, durante su existencia actual, generan karmas específicos que se suman al karma que trae de vidas pasadas, y cuyos efectos expresan el saldo favorable o desfavorable que incide en la vida presente.

Ninguna casualidad rige el destino de las personas. Es la ley del karma que lo coordina todo, ajusta y realiza, en el nivel periespiritual, registrando tanto las acciones favorables como las desfavorables de la vida de cada uno..Si el dolor o el infortunio, sin causa aparente, llama a la puerta, no es debido al castigo de Dios, ni a la fatalidad de un destino cruel. Son, en la mayoría de las veces, el resultado de acciones inflexibles, según las cuales la colecta de cada uno es obligatoria, como resultado de lo que sembró en esta vida o en vidas anteriores, ya que el karma tiene la finalidad de reajustar a las criaturas a la harmonía universal.

La Ley del Karma puede entenderse como resultante de la Ley del Causa y Efecto, del retorno o reciprocidad, según la cual toda acción practicada tiene su retorno equivalente y en sentido contrario. Esta ley tiene su connotación en el Evangelio cuando afirma que “... y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mateo 16, 27).

En la Naturaleza, esa ley es clara, y nadie espera coger maíz si plantó guisantes.

Según la Ley del Karma, si la persona no tiene disciplina mental para controlar sus actos y cometer faltas durante su existencia, tendrá que enfrentar sus consecuencias en la propia vida o en una vida futura, pues las mismas se mantendrán registradas en el periespíritu y se manifestarán como problemas de retorno en esta existencia, como enfermedades o perturbaciones kármicas en una vida futura.

Si la persona cometió alguna falta con relación a su propio organismo, perjudicándolo de diferentes maneras, como ocurre por el uso de drogas, entregándose a los vicios, a la concupiscencia y a los descuidos de su persona, o si perjudicó a los semejantes y, particularmente, a sus familiares, a los cuales tiene la responsabilidad de ayudar, o si lesionó, de alguna forma, la Naturaleza que le acoge dadivosamente, deberá recibir como retribución, algunas veces en la propia vida o, ciertamente, en la vida futura, el sufrimiento que le corresponde como forma de resarcir la referida falta, la cual está ligada por los vínculos de la Ley de Causa y Efecto.

Causas de las Enfermedades Kármicas

Las faltas cometidas en el pasado, que pueden ser responsables de las enfermedades kármicas, están entre los vicios, como los causados por el tabaco, las bebidas alcohólicas, las drogas, así como por el uso, sin control, de medicamentos psicotropos, utilizados en el tratamiento de disturbios mentales; la agresividad humana, como la violencia, la maldad, el secuestro, el estupro, el robo, el asalto, el terror, el homicidio, la exploración de los semejantes en sus diferentes modalidades; el suicidio premeditado, el sacrificio del organismo por privaciones inútiles y otras formas de agresión al propio cuerpo; el hábito de entregarse a pensamientos negativos, como los impregnados por emociones de odio, celos, envidia, rabia, tristeza, calumnia, maledicencia, melancolía, insatisfacción; los desvíos de la sexualidad y los estados de vida pautados en la ociosidad, en la corrupción, en la liviandad, o en el mal empleo de las posiciones de responsabilidad social o administrativa, perjudicando a los semejantes y constituyendo mal ejemplo para la sociedad.

Las faltas cometidas en el pasado, responsables de los sufrimientos que ocurren en la vida actual, pueden haber sido cometidas por la propia persona o por sus familiares, ya que existen lazos familiares muy estrechos entre los mismos. Esos lazos deben mantenerse, siempre que sea posible, por el cariño que debe unir a las personas, visto que la familia es la primera escuela, para la vivencia del amor fraterno entre los seres humanos.

Todas las personas tienen vínculos muy profundos con sus familiares, vínculos que trascienden a la existencia actual, con lo que el dolor que las azota puede ser no tan solo de factores oriundos de sí mismas, sino también, de sus entes queridos, como nos lo recuerda el mensaje sobre el ciego de nacimiento cuyo mal podría haber sido causado por él mismo o por sus familiares. (Juan 9, 1-3).

Más allá de los vínculos familiares, las personas tienen relaciones colectivas. Ellas pueden haber ayudado o perjudicado a otras criaturas, razón por la cual, aparte del karma individual, existe el karma familiar y el karma colectivo. El karma colectivo se explica en el resultado de accidentes,.catástrofes, muchas personas pueden estar envueltas en el mismo sufrimiento, sin ser por casualidad.

No es sólo la mano sembradora la que produce malos frutos. Ciertos comportamientos aparentemente inofensivos pueden ser dañinos a la propia alma, como el no-aprovechamiento de las oportunidades que le fueron proporcionadas durante la existencia terrena, generan, igualmente, mala cosecha en el futuro. Del mismo modo, la inactividad, la inercia, la ociosidad, la pereza física y mental, son igualmente nocivas al alma, que no puede mantenerse estancada delante de las leyes a las cuales está vinculada.

Toda persona en condiciones de salud compatible con la realización de alguna modalidad de trabajo, debe esforzarse para ser útil a sí misma y al prójimo.

Manifestaciones de las Enfermedades Kármicas

Respetadas las leyes de la herencia, el espíritu actúa en el ser humano como modelo organizador biológico, desde la formación de la célula-huevo, transmitiendo hacia el cuerpo físico las impresiones registradas en el periespíritu, oriundas de las acciones cometidas por la propia alma en anteriores vidas.

Así, ciertas malformaciones y males congénitos y la predisposición para un gran número de enfermedades y trastornos que ocurren durante la vida, son causados por la actuación del espíritu, que proyecta en el organismo, desde el momento de su formación, el contenido del bien o del mal que estuviera registrado en las mallas de su periespíritu.

Las enfermedades kármicas pueden acometer a las personas de todas las edades, y su reconocimiento no se hace a través de los recursos para diagnósticos comúnmente utilizados en la Medicina, los cuales se presentan repetidamente negativos.

La comprensión de las mismas está relacionada a factores que tienen sus causas en faltas cometidas en el pasado, vinculadas a la propia alma.

Entre las perturbaciones que se encuadran como enfermedades kármicas, pueden ser recordadas algunas limitaciones orgánicas y psíquicas, ciertas formas de parálisis, patologías congénitas sin posibilidad de reequilibrio, ciertos casos de esquizofrenia, algunas modalidades de cáncer, de enfermedades degenerativas, la tendencia hacia los vicios, hacia la agresividad, algunos casos de accidentes individuales o colectivos, ciertas neurosis, síndromes de miedo, de angustia, de ansiedad incontenida, ciertos tipos de jaquecas, de insomnio, de depresión, de pánico.

Juana de Angelis, en el libro Plenitud, comentando ciertas formas de trastornos psíquicos, oriundos de causas ocurridas en el pasado, que pueden pasar desapercibidos al los semejantes, afirma: “Transitan, todavía, en la Tierra, portadores de expiaciones que no trazan apariencia exterior.

Son los seres que gimen en conflictos crueles, inestables e insatisfechos, infelices y retraídos, acarreando dramas íntimos que los debilitan, afligiéndolos sin cesar. Pueden presentar una apariencia agradable y conquistar simpatía, sin que se liberen de los estados interiores mortificantes”.

Es la propia consciencia de la criatura quien conoce las causas de su sufrimiento kármico.

Son seres que se comportan como almas penadas que sufren en silencio, aunque haya otros que se lastiman continuamente, sin encontrar alivio para sus angustias y padecimientos.

Se encuadran todavía, como manifestaciones kármicas, ente otras, ciertas injurias, desigualdades sociales y económicas, las dificultades para realizaciones personales en los estudios, en las artes y en algunas iniciativas de la vida.

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